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EL ABC de las Certificaciones

Una certificación agrega valor no solo en términos económicos sino también de imagen y reputación del proyecto.

Obtener una certificación es fundamental para todo proyecto inmobiliario. Trae muchos beneficios no sólo para la empresa responsable del proyecto, sino también para sus ocupantes, ya sean residentes de viviendas o colaboradores de una empresa. Y también beneficia a la comunidad.

 

Existen varios tipos de certificaciones. Hay unas que se enfocan en el diseño y la construcción del proyecto, mientras que otras ponen énfasis en la operación, y hay también las que se enfocan en la salud y el bienestar de las personas que la ocupan. 

 

Las dos más conocidas son la LEED y la EDGE, que evalúan temas de diseño de construcción y de operaciones de una edificación. Pero también hay otras más específicas como la WELL y la FITWEL, que se centran en temas de bienestar y salud; la SITES, que se ocupa del diseño urbano y paisajístico, entre otros.  

 

WELL está empezando a volverse muy conocida no solamente porque es una certificación  muy completa, sino que también a raíz de la pandemia se ha puesto más atención en la necesidad de buscar espacios sanos y saludables, que les hagan bien a las personas. 

 

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LEED

 

La certificación LEED cuenta con una serie de categorías que evalúan las diferentes estrategias de sostenibilidad de un proyecto. Una de estas categorías, por ejemplo, está enfocada en ver las estrategias de ahorro hídrico, otra categoría está enfocada en diferentes estrategias de ahorro energético, otra en materiales y así sucesivamente.

 

Las categorías agrupan ciertas estrategias de sostenibilidad que los proyectos deben cumplir, algunas de ellas de manera obligatoria y otras de manera voluntaria, por ejemplo todos los proyectos LEED deben tener un mínimo de 20% de ahorro energético obligatorio.  Superar ese porcentaje es voluntario y da puntaje adicional.

 

Las principales categorías que evalúa la certificación LEED son: Sitios sostenibles, Uso eficiente del agua, Energía y atmósfera, Materiales y recursos, Calidad ambiental interior, Innovación en el diseño y Prioridad regional, 

 

Esta certificación tiene tres niveles, según la calificación alcanzada en la evaluación: plata, oro y platino. Asimismo, evalúa el edificio en su totalidad, y tiene dos tipologías: una para diseño y construcción, dirigido a nuevos proyectos; y otra para operaciones y mantenimiento.

 

Si se trabaja la tipología de diseño y construcción, el proceso se enfoca desde el inicio del proyecto, en todo lo relacionado al diseño, a la construcción de la edificación y a la operación en su interior. 

 

La tipología para operaciones y mantenimiento se dirige a edificaciones ya existentes. Por ejemplo, un edificio con 10 años de existencia, y que hace algunas remodelaciones puede aplicar a esta certificación. En este caso se evalúan las mismas categorías que los edificios nuevos, pero con criterios distintos.

 

EDGE

 

A diferencia de LEED, la certificación EDGE evalúa sólo tres categorías: ahorro de agua, ahorro de energía y materiales empleados para la construcción. En este último caso, la evaluación se enfoca en aquellos materiales del proceso constructivo que generan un impacto en el desempeño energético del edificio.

 

Los niveles de esta certificación, según lo alcanzado en la evaluación, son EDGE Estándar, EDGE Avanzado y EDGE Cero. Asimismo, para efectos de dicha evaluación, otra diferencia con LEED es que no se acumula puntos, sino que se debe superar una valla del 20% de ahorro en cada una de las tres categorías. 

 

Para alcanzar el nivel EDGE Estándar se debe tener un 20% de cumplimiento en las tres categorías, mientras que para el EDGE Avanzado debe obtenerse entre 40% y 80% en la categoría ahorro de energía. A su vez, para alcanzar el nivel EDGE Cero se debe conseguir un 100% de cumplimiento en ahorro de energía.

 

La diferencia básica entre ambas certificaciones es que LEED evalúa más aspectos de un edificio, desde la arquitectura hasta la calidad ambiental interior. Mientras que EDGE se enfoca solamente en tres rasgos puntuales que considera más importantes: ahorro de energía, ahorro de agua y materiales.

 

WELL 

 

Esta certificación está cobrando cada vez más presencia en el mercado, y se enfoca en el impacto del diseño, la construcción y la operación de los edificios en la salud y bienestar de las personas. Por ejemplo, no solo se enfocan en el ahorro del agua y de la energía, sino también en la calidad de ambas, y en cómo la beneficia a sus ocupantes.

 

En WELL también hay varias categorías a ser evaluadas, se acumula puntaje y hay créditos voluntarios y obligatorios como en LEED. Estas categorías son: aire, agua, alimentación, luz, movimiento, comodidad térmica, sonido, materiales, mente, comunidad e innovación.

 

Todas esas categorías, como lo dijimos, se centran en el bienestar de las personas. Al evaluar aspectos como movimiento, por ejemplo, la idea es resaltar el uso de diseños de construcción que promuevan la salud física de las personas. Y del mismo modo con el resto de categorías.

 

WELL aplica a muchos tipos de edificaciones, comercio, hospitales, residencias, hoteles, educación, etc. además de oficinas. También hay tipologías para edificios que ya existen y que deben hacer algunas adaptaciones para poder cumplir con sus requisitos.

 

Beneficios de las certificaciones

 

Una de las primeras ventajas que obtiene un edificio certificado es el aumento de su valor: sus desarrolladores están prácticamente vendiendo o alquilando ahorro. El nuevo inquilino o dueño que vaya a operar en ese edificio, en el caso de una oficina, va a gozar del beneficio de tener servicios más bajos de luz y agua por los sistemas instalados.

 

Otro beneficio va por el lado de la imagen y el marketing. Hoy en día todas las empresas desean estar comprometidas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible o las metas de la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático, entre otros. 

 

La certificación es una excelente manera de tener ese tipo de reconocimientos y así posicionarse en listados de proyectos internacionales, así como de reafirmar el compromiso de las empresas.

 

Una ventaja también es la reducción de los costos operativos de la edificación. La idea de tener un edificio sostenible es que sea más eficiente con sus sistemas y que optimice sus procesos. Por ejemplo, en las operaciones de mantenimiento que se usen sistemas tecnológicos y equipamiento que no necesiten tanta actualización. De esa manera se ahorra costos en el futuro.

 

Un beneficio interesante son los incentivos que facilitaban algunas municipalidades. Un ejemplo es el municipio de San Borja, que durante un tiempo otorgaba incentivos a los proyectos nuevos, dándoles permisos para construir más pisos adicionales a los permitidos si es que contaban con una certificación. Así, si el máximo permitido era de ocho pisos, un proyecto certificado podía construir hasta 12 pisos.

 

La Municipalidad de Piura también otorgaba beneficios, no solo en flexibilización de parámetros como San Borja, sino que también hacían descuentos en los tributos en los primeros dos años a los edificios que contaban con una certificación.

 

Hay incluso algunos bancos que brindan incentivos financieros, como el BBVA que, al igual que en otros países, otorga un crédito hipotecario verde, a una mejor tasa, con bonos y condiciones muy atractivas a los proyectos que se certifican.

 

Pasos para certificarse

 

Para alcanzar una certificación, lo primordial es tomar la decisión de certificarse con anticipación, ya que cuando el proyecto está muy avanzado se incurren en costos adicionales. 

 

Luego, debe elegirse la certificación a elegir, y dentro de ella la tipología que más se adapte a su proyecto. Con esta elección se debe contratar a un consultor, el mismo que acompañará todo el proceso, desde la evaluación del espacio del proyecto hasta las etapas de diseño y construcción, para asegurarse que se cumplan los requerimientos de la certificación elegida.

 

Los consultores trabajarán de la mano con el equipo técnico del proyecto para para ir tomando las decisiones y especificando los productos que les ayuden a cumplir con los objetivos.

 

En el caso de las certificaciones LEED y WELL, se arma un expediente digital que se envía a revisión por un ente certificador, que es un tercero para evitar conflictos de interés. Luego de la revisión el expediente regresa para levantar soluciones, y finalmente se envían las observaciones levantadas para así obtener el certificado final.

 

Por su parte, en EDGE el proceso se realiza mediante una plataforma digital que hace los cálculos del cumplimiento de cada requisito al momento que se suben las fichas técnicas respectivas. Todo ello luego lo revisa un auditor antes de enviarlo al ente revisor.

 

Un último detalle muy importante es la recertificación, En el caso de LEED esta es voluntaria, mientras que en WELL sí es obligatoria: en EDGE no es necesaria. Si bien en LEED este trámite es voluntario, tanto aquí como en WELL cuando uno se recertifica se compromete a reportar información de manera anual, con el fin de garantizar que se está cumpliendo con la sostenibilidad del proyecto.