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El fin del mundo

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Por primera vez en los últimos 20 años hay consenso entre los profetas del sector inmobiliario sobre el próximo fin del mundo, aunque en diversos formatos.

El inicio del apocalipsis se establece, con carácter general, el 1 de septiembre, probablemente para tratar de pasar el verano sin preocupaciones ni remordimientos de conciencia.

La novedad, además de este consenso, estriba en que estos profetas han incorporado a sus predicciones unas hipótesis a corto plazo sobre perspectivas políticas, militares, monetarias y geoestratégicas, que en su mayoría nunca habían manejado y son francamente difíciles de anticipar (o acaso alguien tiene alguna idea de lo que va a pasar en Ucrania en los próximos meses o cuánto va a afectar el coste del gas en invierno a los industriales alemanes).

Estos factores añadidos incrementan la complejidad de los vaticinios, ya que muchos de ellos dependen a su vez del cumplimiento de factores complementarios e incluso opuestos, configurando un cóctel de variables que como un cubo de Rubik son muy difíciles de encajar en su totalidad.

Lo único seguro en estas circunstancias es que las estadísticas de la economía española van a mejorar, que para eso se está cambiando al responsable del Instituto Nacional de Estadística.

En nuestra opinión, además de convivir con este ruido de fondo, que irá a más en los próximos meses, entramos en una etapa en la que la gestión de los inversores y de los asesores se hace más compleja y también más necesaria que nunca. Las oportunidades seguirán estando en el mercado y aquellos gestores que sean capaces de identificarlas y actuar con rapidez sacarán partido de un mercado más volátil, más rentable, más complejo y con menos competencia.

Es evidente que el fin del mundo pronosticado afectará más a los dinosaurios que a los mamíferos y, por lo tanto, seguirán existiendo sectores con una alta pujanza y prácticamente ajenos a las nuevas circunstancias, como la vivienda en alquiler, los centros de datos, el retail y el lujo, tanto residencial como hotelero.

Por tanto, no entramos en una crisis financiera ni inmobiliaria, o al menos no hay razones concretas ahora mismo para pensar en ello en nuestro país, y aunque los factores económicos apunten al crecimiento de las rentabilidades, seguirán poniéndose en el mercado activos y portfolios que sólo pasan cada diez años por la puerta de los inversores. De la teoría a la práctica, se diferenciarán los gestores que teorizan frente a quienes cierren operaciones.

Cuando pienso en un activo refugio en las actuales circunstancias, lo primero que imagino es una finca extensa en Uruguay con un búnker en el subsuelo. No pienso en inmuebles como refugio sino como oportunidad para capear un entorno inflacionario y para consolidar estrategias de cartera ante la sobrerreacción de gestores poco acostumbrados a lidiar con la incertidumbre.

Disfrutemos del verano, como nos exige un conocido sindicalista, y preparémonos para la segunda mitad del año para rescatar toda nuestra inteligencia y habilidad para surfear las nuevas marejadas.

Somos la generación que superó la crisis del 2008 y la pandemia. Lo que venga lo superaremos con inteligencia y trabajo, como siempre. 


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Mikel Echavarren

CEO & Partner

Madrid

Mikel Echavarren es CEO de Colliers International Spain. Fue Presidente y Consejero Delegado de irea desde su fundación en 2002 hasta marzo de 2018, momento en el que irea se integra en Colliers International. Anteriormente fue socio de Arthur Andersen responsable de la división de Real Estate Corporate Finance en España y Portugal.

Cuenta con 33 años de experiencia en el sector inmobiliario, es experto en planificación estratégica de grupos inmobiliarios y en transacciones corporativas de sociedades inmobiliarias, inmuebles y carteras de deuda hipotecaria.

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